¿NOS VAMOS DE FIESTA?

marzo 1, 2020 0 By Blanca

Seguramente muchos de los que están leyendo este post, han salido de fiesta con sus amigos, a bailar y pasárselo bien. Pero no todos pueden decir, que han acabado bien la noche o literalmente, que hayan empezado la noche. En este post, os hablaré sobre experiencias de algunos supernials y las mías, en relación con este tema. 

Cuando un grupo de amigos decide ir a una discoteca, no sé para a pensar, si les van a dejar entrar o no, porque saben que si van vestidos correctamente, les van ha dejar pasar, sin ningún impedimento.

Para algunos supernials, salir de fiesta con sus amigos les suele provocar situaciones incomodas y violentas. La gran mayoría de las discotecas (de la capital), no permite la entrada a supernials en silla de ruedas o supernials intelectuales, por el simple hecho de que no cumplen con los cánones de belleza previstos. 

Estas discotecas o pubs, se refugian en el derecho de admisión, discriminando así a todos esos supernials que solo querían pasárselo bien con sus amigos. 

Por otro lado, todos estos lugares están obligados por ley a cumplir con unas características, para hacer mas fácil el acceso a los supernials. Pero yo me pregunto, ¿para qué hacen esos accesos, si luego no les dejan pasar?…

Estas situaciones, son denunciadas por todos los supenials y por ello, se han abierto en muchos puntos del país, discotecas para supernials, donde pueden disfrutar sin ser discriminados.

Desde mi punto de vista, estos lugares deberían ser mas considerados, dado que somos los particulares los que pagamos por entrar, por eso tendría que darles igual quién entre, mientras esa persona se comporte y pague el precio solicitado por el local. 

Por último, os contaré un día “normal” que salgo de fiesta. 

Como toda persona que le gusta ir divina, escojo la ropa, normalmente pantalones antes que falda y botines o zapatillas, antes que tacones. Esto se debe a que tacones, noche y yo, no somos compatibles. En un principio, salía con tacones hasta que me tropecé tantas veces, que me canse. No por el hecho de no saber andar con ellos, sino porque los obstáculos por la noche (escalones o franjas), no se ven. 

Una vez llego a la discoteca y me encuentro con mis amigas, esperamos la “cola” para entrar. Cuando nos dirigimos a pasar, el típico puerta de la entrada nos para, nos mira de arriba a abajo y si luego a él le apetece, y cree que somos aptas para entrar, porque cumplimos los estereotipos, nos deja proceder. 

Estando dentro de la discoteca, me veo perdida, no hay casi luz y las pocas que hay son focos que te dan directamente en la cara. Tampoco puedo gritar, para ver dónde están mis amigas, la música esta altísima. Ya no os quiero contar, en aquellas discotecas que no solo no les vale con eso, sino que también, ponen espejos en las paredes. DESCONCIERTO MAXIMO!!!

Otra de las cosas que me llama la atención, es la gente, se vuelven locos a empujar, ya sea bailando o pasando por tu lado. Esto es algo que me pone especialmente nerviosa, mas que nada porque no veo quién me toca. 

Alguna experiencias graciosa que me ha pasado, por ejemplo, es que he tenido que preguntar a mis amigas, sí el chico que me “ha pedido lio”, estaba bien. Otro ejemplo, cuando me despisto y mis amigas se van, me engancho del brazo de otras personas.

Afortunadamente, no me han pasado situaciones como las que he explicado anteriormente, pero sí me encuentro con problemas de adaptación, dentro de las discotecas. No he visto que ninguna tenga las barandillas a los lados de los pasillos o qué cumplan con las medidas del ancho que se piden para el mismo. 

Conclusión, la vida es una gran fiesta y por lo tanto, no dejemos qué nos afecten estas experiencias, porque sino estaremos perdiéndonos nuestra “gran fiesta”. 

Os animo a contar alguna experiencia graciosa, que os haya pasado saliendo de fiesta.